Si una pieza tiene gran dureza superficial, el valor puede presentarse como propiedad del conjunto. El endurecimiento superficial puede dejar diferencias entre capa exterior y núcleo. Debe conservarse la orientación de la muestra y estudiar el perfil en profundidad, en vez de repetir mediciones únicamente externas.
Si la resistencia usa el área tras la rotura, quizá no corresponda al valor convencional exigido aunque la fuerza máxima sea correcta. Deben separarse áreas original y final y definiciones de tensión.
Las zonas lisas y rugosas pueden llamarse fatiga y rotura final. El desmontaje o limpieza también pueden dañarlas. Deben conservarse ambas mitades, orientación e historial de manipulación posterior.
Comparar fragmentos transparentes de un bolsillo con una vitrina rota exige más que apariencia. Puede haber varios vidrios y partículas de distintos orígenes. Se separan los objetos y se obtienen muestras representativas de cada vidrio pertinente.
Supongamos que aparecen fibras semejantes en dos objetos que compartieron embalaje antes del análisis. Se plantea un contacto directo, pero debe considerarse también la posible transferencia durante el almacenamiento.
Se comparan partículas de pintura con un automóvil ya reparado
Si se pretende comparar partículas recogidas con un automóvil cuya pieza dañada ya se repintó, el estado actual no puede tratarse como muestra inalterada del anterior. Habría que precisar qué zonas se repararon, qué recubrimiento previo se conserva y de dónde procede cada material de comparación.